A veces es como estar encima del mundo y ser invisible, que ya es menos que parecer una hormiga…

Es como estar flotando entre nubes de algorritmos simplificados que ocasionan un desequilibrio vital que te transforma en polvo. Y ser polvo, es ser menos que ser aire. El aire roza y toca las almas de quien se deja acariciar por la brisa de un día cualquiera. 
En cambio, el polvo solo permanece intacto en el mismo lugar hasta que cae en el olvido. 
Y todo esto es como estar encima del mundo. A veces es como estar viéndolo todo desde una dimension única. 

Es como sentir que el impulso del aire te ha llevado a tener esas vistas aunque sea por unos segundos… 

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Emociones: Recuerdos.

Nunca se sabe cuando será la próxima vez que vas a volver al mismo lugar. Ni siquiera sabrás con quien o de que manera. Incluso igual acabas allí de manera inesperada buscando la serenidad que ese momento te llegó a dar. 

A veces, lo único importante es tener ganas de sentir lo que un instante te regaló, mirando atrás solo para saber regresar y olvidar lo que aquellas vistas lograron hacer. Porque la ilusión es magia sin mago y los viajes son la esencia de saber utilizar nuestra existencia de una manera inteligente. 

A sí que, simplemente vive, aunque los matices se vayan modificando poco a poco… 

Estados: Sonríe.

Un día me dijeron que la vida se compone de gente mala y gente buena. Lamentablemente me di cuenta demasiado pronto que la buena es la más fugaz e inalcanzable. De la que con los dedos de la mano y de la de en las duras y en las maduras. Que la gente buena se tiene o no se tiene pero no se busca. Algún día supe verlo bien de cerca. De lo cercano que supone cumplir años y darte hostias a medios pasos.

Pero yo hoy solo quiero aprender a sentir como por muy jodida que a veces pueda ser la existencia, la sonrisa que el alma es capaz de imponer ante cualquier barrera, es inmensamente superior a lo que en algún momento de nuestra vida algún ser de este planeta quiera quitarnos.

Sonríe siempre.

Lecciones: Aprende.

Cáete, equivócate, que te duela. Más que nunca. Estas en el suelo, pero estás viva. Levántate y no dejes ni un instante, ni un segundo, ni un momento de estar viva, de sentir, de luchar, de avanzar. No te rindas, jamás, no digas que no, nunca digas que no, pero sí, grita y dí que eres única. Grita, y di que eres libre. Dí que tú vida será la más insólita y bonita de todas. Lucha por lo que quieres sin que nadie te lo impida. Sin que nadie te lo imponga. Olvídate de que tú eres menos que nadie y se fuerte. Concéntrate. Cierra los ojos con todas tus fuerzas y coge todo el aire que puedas.

¿Y ahora, y ahora qué? 

Ahora llega lo más importante:

Enfréntate al miedo, a todo eso que te estorba y lo que te asfixia, por que tarde o temprano conseguirás tus objetivos.

Emociones: Los imposibles no existen.

Por ahí dicen que los imposibles también existen, que en cada parte de nosotros se esconde el miedo a no poder llegar a la meta, que es de cobardes rendirse de antemano, que soñar es de locos y que los días solo son largos para los que no saben aprovechar momentos.

Pero todo eso, son limitaciones absurdas. Porque lo imposible solo está formado por la fuerza de las palabras vacías que habitan en las bocas de los que las pronuncian. Que lo único imposible que existe, es eso mismo que tú no te propongas alcanzar.

A veces, necesitamos que todo vuelva a tener sentido. Recoger y ordenar cada pieza que forman los sueños. Y sustituir aquellas que los desvanecían continuamente. Simplemente, es saber empezar de nuevo. Saber recomponernos en nuestra auténtica esencia. Y volver a ser cómplices de una perspectiva firme. Ser cómplices de nosotros mismos. Ser valientes, y coger un papel en blanco para escribir lo que se quedó encajado hace unos días, hace unos meses. Y remarcar esas palabras que formaban tú destino.

Así que abre los ojos y deja de permanecer al bando de los que no miran de frente. Porque lo que sí está claro, es que las metas están para cumplirlas, a pesar de que tengas que empezar de cero varias veces.

¿Quién mejor que tú para volver a intentarlo?
 

Emociones: Fotografía.

Qué sería de todo sin esos pequeños e indispensables acondicionantes que hacen especial algún momento. De ese momento que comienza sin importancia y acaba quedándose en tú cabeza. De esa manera de ver las cosas. Esas risas, esas discusiones, esas historias, esas maneras de pensar, esas contradicciones y esos cambios de humor. De ese momento que se modifica y se convierte en algo especial sin importar qué, quién o cómo. Porque, qué sería de todo, si jamás se creara un momento para siempre…


Emociones: Miradas.

¿No creéis que hay miradas mucho más especiales que otras? ¿De esas que liberan el alma y te hacen sentir la persona más afortunada de la tierra?

Yo concretamente, veo esas miradas. Las que yo guardo en el cajón de las miradas especiales. Un cajón pequeño, escondido en cada forma de ser, en cada persona o en cada expresión. De las que más quisiera yo poder tener millones. Pero la realidad es que quizás no estemos hechos para guardar tantas, sino para tener esas pocas que de alguna manera marcan nuestro recorrido en la vida, en la nuestra o en la de alguna otra. Esas que se entienden sin intercambiar palabras, esas que direccionan nuestra forma de pensar y en ocasiones de sentir y esas que van directamente como flechazos a nuestro corazón.

Pero bueno, supongo que no seré la única que no puede presumir de tener cientos de esas de las que hablo, pero sí de unas pocas unas pocas. Supongo que las suficientes. Al menos para saber lo que se siente y se experimenta al ser afortunada de esa mirada sincera, pura y única. Esa que yo considero importante. Esa que es indispensable para mi. Esa que me hace sentir inmensamente bien. Y esa que es esencial para mí supervivencia.

¿Lo habéis sentido alguna vez?

Emociones: Miedo.

Hay algo en todos lo seres humanos que de algún modo, y en bastantes ocasiones, nos paraliza y nos contrae hasta el último poro de nuestra piel. Exactamente, hablo de esos monstruos que aparecen y desaparecen en algunas circunstancias de nuestra vida. Pero más allá de la vida en sí misma y dejando atrás la globalidad que implica tener un sentimiento o mejor dicho una emoción casi innata para nosotros, hablo de esos monstruos que llevamos intrínsecos. En nosotros mismos. Los que nos acompañan en el camino de la vida. Los que nos hacen ver las cosas solamente de color negro o de color blanco y los que nos ciegan y nos impiden actuar con consecuencia.

Lo primero es no volver a caer después de conocer la verdadera realidad. No podemos dejar de ponernos cara a cara con él y dejar que nos vuelva a machacar. Porque aunque a veces haya que lidiar con todo aquello que no nos gustó en el pasado y que por suerte o desgracia está en nuestro presente. No tenemos que volver a transportarnos al pasado ni al presente más destructor para nosotros. Tenemos que avanzar y eliminar.

Así que ¿te has parado a pensar en todas las veces que miras al pasado, sin creer que el pasado es cosa tuya? ¿Todas esas veces qué puedes cambiar tu presente? ¿Qué puedes dejar de tener miedo justo ahora y en este instante? ¿Te has parado a pensar todas esas veces qué evitas tener miedo? Y en esas veces que lo tienes, ¿por qué tienes miedo a tener miedo? ¿Por qué no eres capaz de observar el momento, en el cual tienes ese miedo, que solo te ayuda a que aprendas de él? Aprender de él solo implica saber vivir el presente, aprendiendo de lo que no te ayuda a vivir el presente. No hay más. Solo es gestión de emociones y de sacarle lo bueno a cada una de ellas.

Por eso, jamás olvides que el miedo nos enseña. Porque no vivir, no experimentar el presente, es solo cosa de no saber aprender de ese miedo, de no disfrutar cuando no lo tenemos. Porque si pasamos del miedo justo ahora, estamos preparados para experimentar otra cosa peor aún. Y si, podemos llegar a pasar del miedo…


¿por qué no vamos a poder pasar de cosas mucho peores?